¡Ven, te invito, bailemos! Si, no te rías, esta noche quiero tanguear contigo. ¿Te parece inaudito mi ofrecimiento? ¡Vamos no jodas!, si ya no somos niños. Qué te importa que nos miren como seres extraños. ¿No pensarás dejarme con la mano estirada?
Viste, no era tan difícil. Te apuesto que muchas veces quisiste estrecharme entre tus brazos, pero la compartimentación, el Partido, la timidez o mi exceso de seriedad te lo impidieron.
¡Que vaina, no! Se me escapó un suspiro, no lo pude evitar. No te sonrojes, no es para tanto.
Te conté alguna vez que durante tu larga ausencia, día tras día -sin faltar ninguno- miré la montaña esperando tu regreso. Era una letanía que sólo ella y yo conocíamos: “mientras exista nieve en la Cordillera mi esperanza de que vuelvas pronto se mantendrá en pie”. Tuve mucho miedo cuando comenzaron los deshielos, suponía que si todo se derretía tú no volverías. Que bueno es que existan las nieves eternas.
Cuando supe que no ibas rumbo al sur, sino al extranjero, quise morirme. Un océano se incrustaba en nuestra amistad por un tiempo indefinido.
No me mires así, si todo lo que te digo es cierto. Mis diarios de vida son los testigos de esas atribulaciones de adolescencia.
Veo que aún conservas esa sonrisa preciosa y de una blancura envidiable.
¿Sabías que la única vez que me besaste cerca de la boca fue el día que salimos a caminar y compraste unos dulces? Yo cría estar soñando cuando tomaste mi rostro entre tus manos grandes y serenas y tu beso rozó la comisura de mis labios.
Te quise mucho y se que tú también me querías sin embargo, no faltaron los peros y las prioridades y quizás debió ser así. No lo se, ni pienso averiguarlo.
Vamos dejémonos de romanticismo y sigamos tangueando.
Volver
Con la frente marchita,
Las nieves del tiempo
Platearon mi sien…
Sentir….que es un soplo la vida
Que veinte años n es nada,
Que febril la mirada
Errante en las sombras
Te busca y te nombre
Vivir,
Con el alma aferrada
A un dulce recuerdo,
Que lloro otra vez…
30 de octubre de 2008


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