Querido papá,
Hace varios días que vengo posponiendo esta carta, no porque no quiera escribirte, sino porque la vida me lleva, me arrastra en ese infinito hacer, producir, consumir, en definitiva… en SER
Vivo los días sin prestar atención al calendario, pero pendiente de cumplir los horarios y los roles que tengo, y es así como a veces descubro, que me salté una fecha importante o un saludo de cumpleaños.
El miércoles pasado cerca de las diez y media de la noche, cuando ya estaba acostada me enteré que aún era 18 de febrero, dí un salto en la cama y le dije a Pablo
- ¡Chuta!, hoy hace 10 años que Cárcamo se murió y no me acordé, ni llamé a mi tía para que le llevara flores al cementerio.
Yo sé que tú lo entendiste sin embargo, te debe asombrar que haya dejado esa obsesión por celebrar o rememorar los aniversarios, y estoy segura que además te sorprende lo “casera” que soy…, lo que disfruto de mi hogar.
Amanece en Bélgica y el cielo se da pinceladas con cada giro del reloj. Escucho la música de los “cabeza de piedra” -que no te gustaba- y los trinos de los mirlos y los gorriones se cuelan por el ventanal del jardín, mientras Laura y Sofía los observan con atención.
Nunca hice el esfuerzo suficiente por traerte hasta acá, nunca invertí mi energía en ese objetivo, y lamento tanto viejito adorado, no haberte regalado ese viaje, y haber acelerado tus canas con mis decisiones.
Tú estás acostumbrado a escucharme, y ya no me replicas ni me interrumpes como en aquellos años, pero ¿te confieso algo?, yo también reproduzco en ocasiones esos sermones que tanto detesté, y me angustio con el mismo temor te que invadió, cuando yo tenía dieciséis años. Oigo a mi hijo y compruebo que sus palabras fueron mías antaño.
_ ¡Yo sé cuidarme mamá, sé lo que hago!
Ser padre o madre, no es fácil –ahora lo entiendo- y créeme que es el único título que me ha costado llanto y frustración. Ahí frente al decano de la vida, no me sirve ser alumna de memoria visual y buenas calificaciones. Se necesita más que eso para que un hijo o hija te diga, “gracias mamá, papá por lo que hicieron por mi”.
Cuando converso contigo en la pieza de la memoria, no siempre te cuento todo, ya ves que entro y salgo corriendo de ahí, dispersa en mis peticiones, distraída en el Internet o inventando historias que no me tomo el tiempo de llevar al papel.
Me da mucha lata no ser constante al escribir, no aprovechar al máximo ese regalo que me diste con tus genes. ¿Sabias que tu nieto también lo heredó?, pero tanto a él como a mí, nos falta disciplina: nos diluimos en leseras y consumimos las horas libres en el mundo virtual.
Confío en no olvidar el próximo año tu fecha de partida.
Te quiero mucho papá
domingo 24 de mayo de 2009
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